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Historias viajeras para no dormir

Los sitios más terroríficos en los que he dormido




Los hoteles y los hostales siempre han sido un buen escenario para las películas de terror, la primera que me viene a la mente es Psycho de Alfred Hitchcock o la última temporada de American Horror Story, al igual que los cámpines “Martes 13” o las escuelas, sobre todo de noche, “El orfanato”.

Hoy no haré un homenaje a las películas de horror, todo lo contrario, me basaré en hechos reales y contaré las noches que más miedo o asco he pasado viajando. Tengo mucho material ya que viví 9 meses en un hostal, otros 9 en una escuela-orfanato en medio de la selva –en la que los monos aulladores me servían de despertador- y me he hospedado en cintos de hoteles de más de 33 países.

 Niños que gritan tu nombre en medio de la noche


Cuando trabajaba para la ONG Casa Guatemala, muchas eran las noches en las que tenía que dormir al lado del dormitorio de las niñas que tenía a cargo. Allí las cucarachas, los mosquitos y algún alacrán eran mis compañeros de habitación y mi única protección era la mosquitera.

En medio de la noche oí que una de las niñas me llamaba, por lo que con linterna en mano me levanté en busca de la quién era, pululé entre las literas de los dormitorios intentado no alumbrar a las bellas durmientes. Tras un buen rato localicé la llamada, era Vilma, me senté al borde de su cama y le pregunté qué quería, pero no obtuve respuesta, le tomé la temperatura para ver si estaba enferma –mientras tanto podía notar los insectos moverse cerca de mis pies, nunca me acostumbre del todo a ellos- y cuando estaba lista para irme de nuevo a la cama, Vilma me nombró de nuevo y en ese momento se le pusieron los ojos en blanco, fue un segundo pero yo me quedé aterrorizada, luego murmuró algo, se dio media vuelta y se volvió a dormir profundamente.

Las dos caras de Cartagena de Indias

Descubre dónde se esconde el realismo mágico del Caribe


Cartagena de Indias, preciosa ciudad colonial en la costa caribeña de Colombia, tiene dos caras: la turística en el centro histórico, limpia, colorida, segura a la luz del día y con un montón de chicas guapas que salen a la luz de la luna. Y la otra cara, a las afueras de la muralla, que es ruidosa, con las calles y las casas descascarilladas, y mucho menos segura para los turistas y sus cámaras fotográficas. Esta dualidad se extrapola a todos los terrenos de la vida de la ciudad, de los grandes yates a las barcas de madera, de las joyerías con vitrinas repletas de diamantes a los miles de puestos callejeros, de los ricos andando con bellas mujeres siliconadas a los niños descalzos corriendo por las calles.

Mi rincón favorito de la ciudad es un pasadizo lleno de murales en Getsemaní, un barrio pintoresco y bastante seguro, que se encuentra entre medias de las dos caras de la ciudad. En sus calles no solo se pasean turistas sino también locales y muchas de sus paredes están recubiertas con grafitis de colores vivos, con mensajes positivos y revolucionarios que dan en que pensar, ya que los lanceros de Getsemaní liderados por el mulato Pedro Romero iniciaron la independencia de Cartagena contra la monarquía española.