Descubre dónde se esconde el realismo mágico del Caribe
Cartagena de Indias, preciosa ciudad colonial en la costa caribeña de Colombia, tiene dos caras: la turística en el centro histórico, limpia, colorida, segura a la luz del día y con un montón de chicas guapas que salen a la luz de la luna. Y la otra cara, a las afueras de la muralla, que es ruidosa, con las calles y las casas descascarilladas, y mucho menos segura para los turistas y sus cámaras fotográficas. Esta dualidad se extrapola a todos los terrenos de la vida de la ciudad, de los grandes yates a las barcas de madera, de las joyerías con vitrinas repletas de diamantes a los miles de puestos callejeros, de los ricos andando con bellas mujeres siliconadas a los niños descalzos corriendo por las calles.
Mi
rincón favorito de la ciudad es un pasadizo lleno de murales
en Getsemaní, un
barrio pintoresco y
bastante seguro, que
se encuentra entre medias de las dos
caras de la ciudad. En sus calles no solo
se pasean turistas sino también locales y muchas de sus paredes
están recubiertas con grafitis de colores vivos,
con mensajes positivos y revolucionarios que dan en que pensar, ya
que los lanceros de Getsemaní liderados por el mulato Pedro
Romero iniciaron la independencia de Cartagena contra la monarquía
española.





