Ya
me lo habían
dicho, "Cuando
menos te lo esperas el amor llamará a tu puerta",
pero nunca me lo creí, hasta que un buen día Mr. Amor se plantó enfrente
de mi puerta y me preguntó “¿Te
atreves a emprender una nueva aventura? ¿O
te quedas donde estás?”.
Me
vino a visitar cuando estaba viviendo en Toronto, Canadá, donde
casi sin
darme cuenta
me había enamorado de mi mejor amigo.
Él era el único canadiense del hotel en el que trabajaba, y el que
más se quería
irse
de allí, tras posponer su viaje unos meses me
propuso irme con él a trabajar en una ONG en Guatemala.
"¡Guatemala!,
pero yo he venido aquí para mejorar
mi
inglés, español ya sé" pensé, y
aunque
siempre había querido colaborar
en una ONG,
decidí
quedarme en Canadá.
Y tras
un romántico viaje a Nueva York nuestros
caminos se separaron.
A
los pocos días, andando por la inmensa y helada Yonge street,
lo vi todo claro y abrí la puerta al amor. Decidí
meter toda mi ropa de verano en una maleta e irme en busca de mi
amado a Guatemala.
Pero el amor no cegó mi obsesión por el ahorro
¿cómo
iba a cruzar toda Norteamérica sin arruinarme?
Canadá
es uno de los peores países para volar, pues sus
tasas de vuelo son una locura.
Investigando
descubrí
que en Estados
Unidos las tasas de vuelo y la gasolina
son
mucho más baratas,
la
mejores gangas las encontré en SpiritsAirlines.
Empecé
a buscar los aeropuertos americanos "cercanos", mi primera
idea fue la de ir a NYC, pero
ir a una de las ciudades más caras y caóticas del
mundo
solo
para coger un avión, me pareció una locura, por lo que opté
por volar desde el aeropuerto de Niágara
Falls.
La
siguiente
pregunta fue ¿Y
cómo llegar hasta Niágara?
normalmente
iba por $ 7
enlos buses de los casinos, pero estos no permiten llevar maleta a no
ser que tengas una reserva
en el hotel del casino, por
lo que descarté esa opción. La
solución me la dio un compañero a los pocos días, pues resulta que
nuestro hotel tenía un convenio con unas
lanzaderas turísticas que iban diariamente a las cataratas, el
único problema es que el mini
bus
salía
a las 9 de la mañana y mi avión
despegaba
a la 1.50 de la madrugada del
día siguiente.

Una
vez en
Niágara
crucé
el puente que separa Canadá de Estados
Unidos,
contemplé las congeladas cataratas y
me despedí de Canadá. Al llegar a USA expliqué mi futura travesía
al aduanero, el cual me miraba perplejo, no sé si por mi historia o
por el hecho de que llevase Converse
cuando hacia menos 10 grados
fuera. Una vez en EEUU tomé
un bus de línea
hasta el aeropuerto, un
minúsculo aeródromo que era
básicamente
es una sala de espera, con dos mostradores y tres bancos, donde
solo
estaba yo, pues aún
faltaban 12 horas para mi vuelo y al parecer era el único del día,
por lo que tras enredar todas mis pertenencias a mi cuerpo, decide
echarme una siesta de 8 horas en uno de los bancos, con los nervios
llevaba varios días sin dormir y allí no había
nada
que hacer hasta
las 23,30 que abrieron la puerta de embarque.
Al
amanecer llegué
a Florida, donde tenía
que esperar
por 5 horas.
En Fort
Lauderdale–Hollywood ya
no era invierno, todo el
mundo
iba con manga corta, esta vez los nervios ya no me dejaban dormir
¿Estaba
haciendo lo correcto? por
lo que maté el tiempo saboreando
los deliciosos donut
americanos y su horrible café, contemplando los peces disecados que
se exhibían
en las paredes
del aeropuerto y como las familias, la mayoría
con sobrepeso, corrían
para no perder sus aviones. Hasta que por
fin subí
al segundo avión para
abandonar Norteamérica.
Tras
una hora sobrevolando el mar, por fin contemplé
tierra, Ciudad
de Guatemala
llama la atención desde las alturas, se
ven como las casas y chabolas dominan la sobre poblada meseta.
Al pisar tierra el calor me azotó con su humedad, estaba muy
nerviosa, pues aun no
sabía si había tomado la decisión
correcta y tenía un montón de "Y si...." en la cabeza,
recuperé
mi maleta y salí a la calle, pues el aeropuerto de Guatemala City
es así de raro, no hay halls de espera
uno sale directamente a la calle. Y
le vi,
había
cambiado desde la última
vez, ahora su tez era morena, lo que hacía
su sonrisa aún
más blanca
y sexy.... nos abrazamos, nos besamos, nos
miramos, reímos,
nos volvimos a besar... en
ese preciso momento todas las dudas se disiparon,
estaba segura de mi decisión.
"Estoy
un poco cansada" le dije entre besos, "Espero
que te quede energía para el resto del viaje"
contestó y prosiguió
"En una hora sale
nuestro bus".
Aun
nos faltaban 6 horas de autobús,
y a las seis de la mañana del día siguiente
por
fin subimos a
la lancha
que nos llevó
por
primara vez a Casa Guatemala.
Y
así tras tres días de viaje por tierra, aire
y mar
mi vida cambio,
abrí
la puerta al amor, y a un gratificante trabajo con los niños de CasaGuatemala. Mañana
hará cuatro
años de
ese loco viaje, y hoy volvería cruzar el mundo por mi marido.


Thanks for giving me some new destinations to think about!! We have always wanted to go to USA– it’s a long drive for us!)))
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