Un surfista me salvó la vida
Qué irónico, pensé mientras luchaba con las agresivas olas del Océano Pacífico. Intentaba mantener la calma y no gritar, para no atraer hacia dentro a mi amiga Lidia, que estaba consiguiendo salir de la corriente. Pensé en dejarme llevar por la corriente mar a dentro, que es lo que se supone que se tiene que hacer en estos casos, pero me aterrorizó la idea de vagar por los más de 15 000 km del océano más grande del planea o de toparme con un hambriento grupo de tiburones. Opté por relajarme e intentar nadar con fuerza en las crestas de las olas, pero cada vez que la ola retrocedía me alejaba más y más de la orilla.