Hacer autostop en el siglo XXI

Del sur al norte de Francia a dedo



Con una sonrisa, un cartel con el lugar de destino y una buen abrigo”, como aconseja el artículo de autoestopistas primerizos de Hitchwiki – la Wikipedia de los que hacen dedo- mi pareja y yo nos colocamos en el peaje de Aix-en-Provance, en el sur de Francia, con la intención de recorrer más de 1.000 kilómetros en autostop.


¿Por qué hacer autoestop, teniendo el dinero suficiente para ir el Blablacar – una plataforma digital en la que los conductores vender las plazas libres de su coche para hacer un trayecto común-? fue la pregunta que más me hicieron mis familiares y amigos cuando les conté la aventura que iba a emprender.

A todos les repetí lo mismo, mi intención era ver si en la sociedad de hiperconsumo en la que vivimos, la gente seguía ofreciendo su ayuda gratis. Y más aun teniendo en cuenta que mi viaje lo comencé el 27 de diciembre, fecha en el que el capitalismo vive si máximo esplendor, ejemplo de ello son los 235 euros de media que los españoles se gastan en regalos, según un estudio de consumo elaborado por la TNS para ebay.

La aventura


Al contemplar por primera vez mi brazo estirado y mi pulgar hacia arriba, me sentí nerviosa, orgullosa, impaciente, con miedo... pero la montaña rusa de sensaciones no duró mucho, pues a los cinco minutos se paró un coche y desde su ventanilla un hombre nos preguntó en inglés hacia dónde íbamos.

Kyle, un holandés de mediana edad, fue nuestro primer conductor “Me ha sorprendido veros en en el peaje, creía que ya no se hacia autostop” nos dijo al bajar el volumen de su GPS, “Es más me he parado porque no recordaba la última vez que llevé a un autoestopista” prosiguió.

Y es verdad, en Europa cada vez es menos frecuente ver autoestopistas. Así lo ratificó el estudio de la asesora británica AA Populus, el cual muestra que en 2011 menos del un 1 por ciento, de una muestra de 16.000 personas, había hecho autostop en Reino Unido. Encuesta que además asegura que solo uno de cada cien conductores se pararía para llevara a un autoestopistas.

Tal vez fue la suerte del principiante, pero nosotros vivimos unas estadísticas muy distintas durante nuestro primer día. Es más, el único momento que no se paró ningún coche, fue cuando nos pusimos en el sentido equivocado de la salida del peaje, pero tras un par de pitidos y la risa de algún conductor, entendimos nuestro fallo. Y una vez en lado correcto de la carretera, no nos dio tiempo ni a sacar el cartel con el lugar de destino, pues Said, un joven Argelino, se ofreció a llevarnos en su Audi azul.

Antes de volvernos a dejar en el siguiente peaje, nuestro segundo conductor, nos regaló unas naranjas y se despidió de nosotros diciendo “Soy musulmán, y nosotros no tenemos nada en contra de los francés o americanos”, y nos pidió que pasásemos el mensaje durante nuestro viaje.

Said nos comentó esto porqué a raíz de los ataques, revindicados por el Estado Islámico, el pasado noviembre en París y Sait-Denis, que dejaron 130 muertos y más de 300 heridos, en Francia se produjeron varios actos de islamofóbia en el país, como la aparición jamón y tocino junto al mensaje “Francia para los franceses” en una mezquita de Potalier, en Doubs, o las cruces rojas pintadas en la mezquita de Créteil, en Val-de-Marne. Es más, la Delegación Interministerial de la Lucha contra el Racismo y el Antisemitismo (Dilcra), defiende que en 2015 se cumplieron 400 agresiones de este tipo, tres veces más que el año precedente.

Esa fue otra de las razones por la emprendí esta aventura. Ya que como francesa que vive en el extranjero, quería ver cómo se “sentía” la sociedad francesa tras los atentados del 13 de noviembre. Y sabía que hacer autoestop me iba a dar la oportunidad de poder hablar con desconocidos sobre temas sociales importantes.

Llegamos al fin de nuestra primera etapa, Toulouse, a las 15 horas y cuatro conductores más tarde, nada mal contando que recorrimos 462 kilómetros desde las 9 de la mañana.


Primera etapa superada  Con la ayuda de seis conductores hemos recorrido 462 kilómetros a dedo. Personas de disti ntas...


Lo más difícil es salir de las ciudades”


A la mañana siguiente nos montamos en un autobús, nos bajamos en una parada desierta y caminamos hasta un peaje que indicaban como “bueno” los usuarios de Hitchwiki.

Ya me lo había advertido mi amigo Valle, un alemán de 25 años “lo más difícil es salir de las ciudades, ya que están rodeados por carreteras en forma de anillos”, él es todo un experto en el arte del autostop, pues hace un par de veranos fue de Francia hasta Grecia a dedo.

Hacer autostop es una de cal y otra de arena” pensé cuando, tras más de dos horas esperando, una pareja ofreció llevarnos hasta La Rochelle, una ciudad muy cerca de nuestro destino final.

Tan cerca pero tan lejos, SOS Blablacar


Me encantaría concluir la historia contando que pudimos recorrer los 211 kilómetros que nos quedaban sin problema... desafortunadamente la historia no fue así.

El 29 por la mañana, volvimos a seguir los consejos de Hitchwiki, fuimos en autobús hasta la periferia de la ciudad y nos colocamos con nuestro cartel en un semáforo. Pero me di por vencida tras un par de rechazos y, con la escusa de la lluvia, compré dos plazas para ir a Nantes y otras dos para ir hasta la Baule, en Blablacar por diez euros por persona.

Conclusión


Una de las razones por las que el autostop se está extinguiendo, es porque hoy en día hay alternativas muy baratas para viajar por Europa. Si uno busca bien y con tiempo, puede volar de un país europeo a otro por 30 euros.

Y otra, es el miedo. Es verdad que ha habido casos, como Ivan Milat, el cual mató a siete mochileros en Australia y fue detenido en 1990, Gerard Schaefer un estadounidense que en 1972 fue detenido por matar a dos jóvenes autoestopistas o el caso de Pierre Chanal, un soldado francés que en 1988 fue encarcelado por el secuestro, violación y asesinado de una autoestopistas húngara.

Pero hoy el día es difícil encontrar sucesos así, al menos yo encontré ningún caso reciente. Además, hacer autostop ahora es más seguro, ya que con los teléfonos móviles uno puede compartir su localización o enviar fotografías de la matrícula del coches en lo que se monta.

No obstante, el autoestop ofrece un sentimiento aventurero que los demás trasportes no dan, pues uno sabe dónde está, pero no tiene ni idea de cuál será su destino al final del día ni de cómo llegará hasta él. Además, esta forma de viajar, ofrece un contacto humano con extraños “a la vieja usanza”, es decir, que obliga a desconocidos a relacionarse entre ellos sin usar pantallas o teclados.


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