4.275 kilómetros en 36 horas por 268 dólares. Las aventuras que uno hace por amor



De Toronto a Río Dulce, pasando por Niágara, Miami y Ciudad de Guatemala



Ya me lo habían dicho, "Cuando menos te lo esperas el amor llamará a tu puerta", pero nunca me lo creí, hasta que un buen día Mr. Amor se plantó enfrente de mi puerta y me preguntó “¿Te atreves a emprender una nueva aventura? ¿O te quedas donde estás?”.

Me vino a visitar cuando estaba viviendo en Toronto, Canadá, donde casi sin darme cuenta me había enamorado de mi mejor amigo. Él era el único canadiense del hotel en el que trabajaba, y el que más se quería irse de allí, tras posponer su viaje unos meses me propuso irme con él a trabajar en una ONG en Guatemala. "¡Guatemala!, pero yo he venido aquí para mejorar mi inglés, español ya sé" pensé, y aunque siempre había querido colaborar en una ONG, decidí quedarme en Canadá. Y tras un romántico viaje a Nueva York nuestros caminos se separaron.

A los pocos días, andando por la inmensa y helada Yonge street, lo vi todo claro y abrí la puerta al amor. Decidí meter toda mi ropa de verano en una maleta e irme en busca de mi amado a Guatemala. Pero el amor no cegó mi obsesión por el ahorro ¿cómo iba a cruzar toda Norteamérica sin arruinarme?

Canadá es uno de los peores países para volar, pues sus tasas de vuelo son una locura. Investigando descubrí que en Estados Unidos las tasas de vuelo y la gasolina son mucho más baratas, la mejores gangas las encontré en SpiritsAirlines. Empecé a buscar los aeropuertos americanos "cercanos", mi primera idea fue la de ir a NYC, pero ir a una de las ciudades más caras y caóticas del mundo solo para coger un avión, me pareció una locura, por lo que opté por volar desde el aeropuerto de Niágara Falls.

La siguiente pregunta fue ¿Y cómo llegar hasta Niágara? normalmente iba por $ 7 enlos buses de los casinos, pero estos no permiten llevar maleta a no ser que tengas una reserva en el hotel del casino, por lo que descarté esa opción. La solución me la dio un compañero a los pocos días, pues resulta que nuestro hotel tenía un convenio con unas lanzaderas turísticas que iban diariamente a las cataratas, el único problema es que el mini bus salía a las 9 de la mañana y mi avión despegaba a la 1.50 de la madrugada del día siguiente.

Una vez en Niágara crucé el puente que separa Canadá de Estados Unidos, contemplé las congeladas cataratas y me despedí de Canadá. Al llegar a USA expliqué mi futura travesía al aduanero, el cual me miraba perplejo, no sé si por mi historia o por el hecho de que llevase Converse cuando hacia menos 10 grados fuera. Una vez en EEUU tomé un bus de línea hasta el aeropuerto, un minúsculo aeródromo que era básicamente es una sala de espera, con dos mostradores y tres bancos, donde solo estaba yo, pues aún faltaban 12 horas para mi vuelo y al parecer era el único del día, por lo que tras enredar todas mis pertenencias a mi cuerpo, decide echarme una siesta de 8 horas en uno de los bancos, con los nervios llevaba varios días sin dormir y allí no había nada que hacer hasta las 23,30 que abrieron la puerta de embarque.

Al amanecer llegué a Florida, donde tenía que esperar por 5 horas. En Fort Lauderdale–Hollywood ya no era invierno, todo el mundo iba con manga corta, esta vez los nervios ya no me dejaban dormir ¿Estaba haciendo lo correcto? por lo que maté el tiempo saboreando los deliciosos donut americanos y su horrible café, contemplando los peces disecados que se exhibían en las paredes del aeropuerto y como las familias, la mayoría con sobrepeso, corrían para no perder sus aviones. Hasta que por fin subí al segundo avión para abandonar Norteamérica.

Tras una hora sobrevolando el mar, por fin contemplé tierra, Ciudad de Guatemala llama la atención desde las alturas, se ven como las casas y chabolas dominan la sobre poblada meseta. Al pisar tierra el calor me azotó con su humedad, estaba muy nerviosa, pues aun no sabía si había tomado la decisión correcta y tenía un montón de "Y si...." en la cabeza, recuperé mi maleta y salí a la calle, pues el aeropuerto de Guatemala City es así de raro, no hay halls de espera uno sale directamente a la calle. Y le vi, había cambiado desde la última vez, ahora su tez era morena, lo que hacía su sonrisa aún más blanca y sexy.... nos abrazamos, nos besamos, nos miramos, reímos, nos volvimos a besar... en ese preciso momento todas las dudas se disiparon, estaba segura de mi decisión.

"Estoy un poco cansada" le dije entre besos, "Espero que te quede energía para el resto del viaje" contestó y prosiguió "En una hora sale nuestro bus". Aun nos faltaban 6 horas de autobús, y a las seis de la mañana del día siguiente por fin subimos a la lancha que nos llevó por primara vez a Casa Guatemala.


Y así tras tres días de viaje por tierra, aire y mar mi vida cambio, abrí la puerta al amor, y a un gratificante trabajo con los niños de CasaGuatemala. Mañana hará cuatro años de ese loco viaje, y hoy volvería cruzar el mundo por mi marido.

¿Y tú? ¿Qué has hecho por amor?


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